viernes, 1 de abril de 2016

QUÉ ES LA MAMARRACHADA

Cuando Nixon como presidente de EE UU viajó a China para normalizar las relaciones entre las dos potencias, se dijo que sólo él hubiese podido dar ese paso sin mayores contratiempos. Su talante de líder anticomunista lo presentaba como el indicado para acercarse al gigante asiático sin ser tildado de traidor o entreguista.

Hoy, ante los atónitos venezolanos, quienes más se ufanan de venerar la memoria de Bolívar han cometido la mayor de las ofensas a su recuerdo. Representado en una ridícula estatua de quince metros, con sus rasgos totalmente modificados (¿para presentarlo como afrodescendiente?), ha recorrido el sambódromo de Río de Janeiro para perplejidad de los presentes y los televidentes.

La comparsa carnavalesca -que ha costado más de un millón de dólares- era presidida por las figuras del Che y Evita en un acto de anacronismo histórico que reúne en la ridiculez a personajes tan disímiles. Bolívar, guerrero por excelencia, trastocado por el cáncer de la corrección política en un peluche con un corazón encendido en la mano. A su alrededor pululaban soldados del amor con alitas tricolores y el ombligo al aire cantando “Soy loco por ti, América”.

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